
Ahora está fresco, hace tiempo que no usaba campera, estoy esperando a un amigo, ya me acostumbre a esperar, creo que me estoy volviendo bueno en eso, esperar el bondi, esperar el calor, esperar la soledad, esperar el amor, esperar la comida, esperar para entrar, esperar la risa.
Vivimos en cadenas perpetuas, que se llaman vísperas, vísperas de sucesos que luego cuando sucede lo esperado se transforman en otra espera más, e incluso una más grande que la anterior, una enorme sala de espera, con revistas para leer, pero sin puertas. Ingenuos continuamente agarramos un número para ver si nos atienden.
Cuando estás en primero o segundo de escuela, soñás con ser bombero o basurero, o alguna profesión por el estilo, pero no hay la suficiente manguera, ni la suficiente basura para todos, puedes apretar los ojos cuando duermes pero las pesadillas no pasaran más rápido, las canciones tapan las tristezas, al igual que el color tapa lo negro, pero por momentos sentimos que cuando no quedan más pilas en el discman la tristeza vuelve. Vuelven los domingos, el organizar tu propio cumpleaños, la conversación con el taxista, que nada se parezca a lo que has leído, no tener calor, tener mucho calor, hacer lo que todos hacemos, pretender lo que todos hacen, caminar rápido, escupirte los pies, olvidarte de caminar lento, un ómnibus a la noche, y a la madrugada, no tener cosquillas, hacer zapping, decir siempre la verdad, no tener un disfraz, y no tener aunque sea escondido un disfraz de bombero.
lex luthor
